Atsuko Nakamura
The Pulsating Earth
Exposición Individual (Proyecto Site-Specific)
Fecha: Jueves 15 de Septiembre 2011 de 19:00 a 00:00 horas
Ubicación: La Caja Blanca, Calle Can Verí 9, Palma de Mallorca
Duración: Septiembre 2011 - Noviembre 2011
La Caja Blanca presenta la primera exposición individual de Atsuko Nakamura (1982 Japón), títulada
“The Pulsating Earth” (La tierra que palpita).
La muestra incluye cuatro proyectos inéditos, concebidos
y realizados durante su residencia con La Caja Blanca (Palma de Mallorca), junto a una instalación
sonora creada pocos meses antes de su llegada a la isla, en 2011.
El olor del bosque quemado y el
sonido de los latidos de su corazón invaden la sala de exposiciones, dotándola de un hilo conductor
que conecta con instintos primitivos universales de cada visitante.
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EXPOSICIÓN EN LA CAJA BLANCA
The Pulsating Earth
Fecha: Jueves 15 de Septiembre 2011 de 19:00 a 00:00 horas
Ubicación: La Caja Blanca, Calle Can Verí 9, Palma de Mallorca
Duración: Septiembre 2011 - Noviembre 2011
La obra de Nakamura se construye a partir de prácticas contemporáneas que, a pesar de su aparente modernidad, se nutren de técnicas tradicionales y creencias ancestrales de su Japón natal. La relación entre el hombre y la tierra, el vínculo inseparable entre la vida y la muerte, y el poder de la naturaleza representado por el mar, son temas que en su trabajo encuentran representaciones físicas en imágenes simbólicas; cuevas, sal, mar, bosques arrasados por incendios, y el sonido del latido de un corazón.
Todas las piezas de la muestra hacen alusión a la mirada introspectiva, la búsqueda interior, la reflexión y la sabiduría ancestral que encontramos en nuestros antepasados y la naturaleza.
En la entrada de la galería, un artilugio evoca un telescopio que, en vez de dirigirse al cielo y las estrellas, desvía la mirada del espectador hacia abajo, hacia el interior. El interior del aparato, poblado de un bosque de cristales creados con agua salada, permite vislumbrar la segunda obra, también sitespecific: una escultura de gran formato que evoca la forma de un barco naufragado, que se mece sin rumbo en el espacio. La forma, de un negro intenso, ha sido construida a partir de las ramas de un bosque devorado por un incendio forestal. La pieza flota entre el techo y el suelo, mientras sus ramas se extienden hacia abajo, como si fueran raíces intentando volver a la tierra para reengancharse con la vida.
“Mis antepasados eran capaces de comunicarse con los árboles. Cuando tallaban uno,
escenificaban un ritual para mostrar su respeto y transmitirle paz. Hoy en día el ruido a
nuestro alrededor no nos permite escuchar la naturaleza, y nos impide comunicarnos con
ella”.
El grabado es la primera obra de una serie de trabajos sobre papel que están en curso, y describe el
mundo interior que nos acompaña a través de la forma de una cueva escondida debajo de un olivo
solitario.
“Me fascinan las cuevas sobre todo las que contienen lagos de agua. Para mí son espacios
sagrados donde el Dios del Mar se reúne con el Dios de la Tierra para discurrir sobre temas
importantes, como la ley de la naturaleza. Son lugares sagrados que evocan el vientre de la
madre, el primer refugio del hombre primitivo y el lugar en el que nació el arte. La costa y el
interior de Mallorca están llenos de estos espacios místicos y cuando entro en ellas me siento
vigilada, observada por un ser mucho más poderoso que yo. Estas cuevas son nuestras almas,
que permanecen ocultas bajo la superficie, que cada uno tiene que visitar para entrar para
encontrar su paz interior.”
Un libro de Platón, cuyas hojas se solidifican como un fósil que ha pasado siglos en el fondo del mar,
abierto para siempre en la página que hace referencia a la alegoría de la cueva preside la sala de
exposiciones, quieta sobre una peana. A su lado, se erige una estructura de hierro con las
proporciones aproximadas de un ser amado ya fallecido. Sobre él descansa una fina capa de sal.
Donde estaría su corazón, un latido retumba levantando la capa de sal ligeramente con cada
pulsación. La obra se titula “A Letter To My Grandfather” (Una carta a mi abuelo). El sonido de los
latidos proviene de una grabación:
“Cuando falleció mi abuelo, yo no pude llegar a tiempo para asistir a su funeral. Fue un
hombre muy importante en mi vida, al que echo de menos profundamente. Decidí escribirle
una carta, para comunicarme con su alma y despedirme de él. Me sorprendió comprobar que
mientras yo leía mi carta, mi corazón empezaba a latir cada vez más deprisa y más alto. La
sensación de poder oír el latido que llevas dentro como si se emitiera desde el exterior, era
una sensación muy extraña, y alarmante. Decidí grabar los latidos y enlazarlos con el corazón
de mi abuelo. En el proceso me he dado cuenta de que, al entrar en la sala y oír el latido de
un corazón acelerándose, los visitantes sienten una sensación de angustia contagiada. Es una
reacción que no depende de su nivel de familiaridad con el arte, ni requiere un conocimiento
profundo de mi trabajo, es simplemente una reacción primaria, visceral, casi inevitable. Desde
que somos fetos, en el vientre de nuestras madres, estamos programados para recibir los
mensajes que nos llega desde nuestro entorno y reaccionar a ellos; Los cambios en los ritmos
de los latidos del corazón de una madre afectan al estado de ánimo de sus bebés. Como
adultos, no perdemos esta capacidad de “sintonizar” con los mensajes sutiles que nos llegan
desde nuestro entorno inmediato pero, a veces, la cacofonía que nos rodea nos aturde, nos
ensordece, y nos insensibiliza.“
“Mi intención es, a través del arte, crear espacios que nos incitan a la introspección y nos
permiten volver a conectar con lenguajes primarios basados en la visión, el oído, el tacto, el
olfato, etc., devolviéndonos nuestra capacidad de entender el mundo y comunicarnos con él
con sinceridad, sin artificios ni condicionantes sociales, sino desde nuestro sentido común y
nuestra conciencia interior”.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES:
- Funàmbuls (Ona Mallorca 90.6) por apoyo técnico para el sonido de la obra “A Letter To My
Grandfather”.
- Los responsables de la reserva natural de Galatzó en el Ayuntamiento de Calviá, Toni
Aguareles García, el director del departamento y Jaime Seguí Colomar, extraordinario joven
biólogo que nos ayudó a conocer la flora y fauna de Mallorca.
- El equipo del parque nacional de Cabrera.
- El equipo del Club de Vela Cala Nova que nos permitieron conocer el Mediterráneo un poco
mejor, conviviendo día a día con ella.
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