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El Bodegón
La tradicional
cerámica respira un aire nuevo al ser tocada por Bàrbara Juan
(Palma, 1965). Teñida de blanco o de rosáceo, gracias a ese
tacto delicado pero reiterativo de la artista, la cerámica, en
pequeñísimos trozos, se convierte en tiernas flores o en
minúsculos seres alados que parecen dispuestos a levantar el
vuelo al menor soplo de brisa. Así, aparecen posados en las
paredes de la galería La Caja Blanca de la calle Verí de
Palma, donde se muestra esta nueva etapa tan sutil como
sorprendente, quizá precisamente por eso, por su delicadeza, por
su frescura y por su exquizitez.
Puede que para
liberarse de la ansiedad de la creación, Bàrbara Juan ha
realizado en los últimos tiempos un ejercicio táctil
aparentemente repetitivo: dejar que sus manos se movieran,
libres, automáticamente libres entre una pequeña masa de barro,
y otra más, y otra, y así hasta la obsesión. Sólo la
sensibilidad de la artista y su innegable intuición han hecho
que la reiteración del ejercicio desaparezca del resultado, que
es variado, rico, espontáneo y que denota una gran sinceridad.
Así se ven esas pequeñas piezas de cerámica en fugaces
instalaciones sobre muros blancos o, como esculturas muy
destacadas, en pinceladas sobre viejas vigas de madera. En
otras, la cerámica es un soporte, un plato, una forma cúbica, en
el que dibujar el pensamiento, esos recuerdos a veces ya
borrosos pero que luchan por aparecer con insistencia. Otras
obras encierran trozos de cerámica en cajas, en unas
composiciones exquisitas, de nuevo pequeños y exquisitos cofres
para una memoria transparente, cristalina. Un universo sensible,
sensual, exquisito.
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