INICIOEXPOSICIONESARTISTASCLIENTESMEDIOSCONTACTO
english >

Lápiz Revista Internacional de Arte

Noviembre 2006 Edición Nº 227

Artículo: Richard Mosse

Apartado: Crítica

Por: Piedad Soláns

 

 

 

 

[+] ver artículo: formato adobe

[+] visitar: Web de La Revista Lápiz

[+] info: exposición Richard Mosse 2006

 
Lo apuntaba Theodor W. Adorno en Minima Moralia: "La contradicción entre lo hecho y lo existente es el elemento vital del arte y engloba la ley de su desarrollo, mas también es su miseria". El arte no puede eludir su "para qué", precisamente por su inutilidad, y cuanto más se acerca el objeto artístico a la producción en masa, más suscita esta cuestión. "Pero las obras de arte", dice Adorno, "tratan de silenciarla".

La belleza de las fotografías de Richard Mosse se cierran en el núcleo de su contradición: mostrar el horror, la ruina, la guerra. Pero lo que surge de la cámara fotográfica tras un proceso técnico y selectivo no es lo real, sino un producto seductor, mercantil e industrialmente perfecto que infunde en el espectador la emoción (moralmente enmascarada) de lo bello. Lo supo el Romanticismo y el arte actual no se desprendió de ello; Mario Perniola lo llamó "idiocia y esplendor del arte moderno". Sin embargo, Mosse no parece ocultarlo, apuntando a la impotencia malograda de la representación cuando busca la simetría con lo real, la similitud con su objeto. Al igual que un reportero, un periodista o un miembro de alguna ONG, intenta plasmar el sufrimiento, los conflictos bélicos, los desastres de la injusticia, en un viaje a través de ciudades destruidas por la guerra, en Bosnia, Ramallah, Beirut o Kosovo, o devastadas por catástrofes, en Irán o Pakistán. El resultado son imágenes que fascinan o asombran al espectador por su misterio y su belleza: un producto estético.

Asimismo, Mosse presenta, en su primera exposición individual en España, dos vídeos, Yani Intifada (2005) y Jew on a Ball (2006), cuya estructura de entrevista televisiva, realizada a jóvenes de Palestina e Israel, tropieza con la imposibilidad -presente en la acción del hombre que cae constantemente de una pelota- para el lenguaje mediático de infundir la energía de los afectos, de la dificultad de transmisión y comunicación en un mundo dominado por imágenes y que, sin embargo, en lo real, discurre sujeto a las instancias básicas del amor y la muerte.