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Registros del
nomadismo
El trabajo
fotográfico de la artista se completa con la instalación
DIANA COCA. 'CASA'
Galería La Caja Blanca.
Hasta
el 26 de agosto
ASUN CLAR / CARLOS
JOVER
PALMA.- El hogar, la
Casa que da título a la muestra es el hilo conductor de
la primera exposición individual en casa de la joven mallorquina
Diana Coca (Palma, 1977). La importancia de este concepto se
acentúa cuando el viaje prolongado exige reinventar los espacios
domésticos ausentes tratando así de huir del desamparo provocado
por los nuevos territorios desconocidos. Los siete años que
lleva esta artista desplazándose por distintos países europeos
han condicionado una especial intensidad en la mirada hacia la
morada como lugar de exploración plástica y personal.
Para presentar
una obra parcialmente conocida en la isla (finalista en las
convocatorias de 2004 y 2005 de Art Jove, y por las
colectivas Dones fotografían Dones de la Fundació Sa
Nostra y de La fábrica de Licors en el 2005) pero expresamente
reconocida (finalista de Photo España en el 2004 y becaria en
Roma por la Real Academia de España) ha hecho suyo el espacio de
la galería tratándolo como un nuevo lugar vital a conquistar,
convirtiendo toda la muestra en una gran instalación donde el
descanso, el deseo, el viaje, el trabajo, y las imágenes de la
experiencia acumulada se materializan en el lecho, las
referencias al taller fotográfico, las maletas, y las
fotografías del hogar familiar y de los lugares recorridos que
decoran las paredes y que aquietan la nostalgia. El sonido y la
poesía completan el adueñamiento de este entorno, y así los
poemas recitados de Antonio Portela, fruto de la colaboración
con la artista, rompen el silencio de la sala y se exhiben en
las paredes junto a las fotografías, y también en algunos versos
transcritos por la artista en los muros.
Un recorrido
por su trabajo fotográfico permite conocer distintas obras de la
serie Neither angel nor beast y de Román y Diana y
también imágenes de localizaciones de los distintos lugares de
su estancia. El blanco y negro de la mayoría de los trabajos
expuestos tiene su contrapunto en el rojo intenso que domina en
varias de las obras, y la nitidez de la representación alterna
con la imagen ambigua en la que el movimiento distorsiona las
formas y sugiere en un eco lejano a los cuerpos pintados por
Bacon.
La cama como
localización vital es quizá el ámbito en el que se aprecia una
mayor aportación de la fotógrafa. Las arrugadas sábanas blancas
son las únicas protagonistas de un escenario que contiene en sí
mismo el universo más íntimo y el refugio más idóneo. La cama
constituye el único y reducido hogar para muchas personas, es el
lugar del imprescindible descanso y el espacio donde esperar la
muerte, pero es también el territorio donde transcurren los
sueños y donde se despliega el amor.
La fotos de
los cuerpos entrelazados en el juego erótico y los versos que
complementan las imágenes ponen un especial acento en esta
faceta, pero el lecho vacío con el rastro del yacer entre los
pliegues de las sábanas aún tibias, deja un escenario disponible
para la representación de cualquier drama. |